martes, 27 de mayo de 2014

PUERTAS

er la pena. Así que pase un pie primero. Como no note mucha diferencia me atreví a ir y venir sin adelantarme mucho más que un par de pasos al comienzo. Luego me fui quedando un tiempo allá y otro aquí. Cada día un poco más. Al estar del otro lado las cosas empezaron a verse más claras. El horizonte era lejano. Pero no imposible de ver y la sensación de estar en el lugar correcto se hizo más fuerte cada vez.
Supongo que para los que estaban a mi lado verme aparecer y desaparecer sin decidirme en qué lugar ponerme debe haber sido desconcertante, eso, si creo que me estaban observando, lo que no estoy segura que haya sucedido, al menos no muchas veces.
En un momento sentí que del otro lado era exactamente donde de veras quería estar, porque regresar  al ya conocido lugar de donde había venido me daba ahora más miedo que lo que me esperaba del otro lado, aun, sin saber exactamente que era.
Este tipo de puertas funciona de manera extraña. Como una especie de ventilador/aspirador que lleva y trae de un lugar a otro las cosas. Si vamos y venimos y las dejamos abiertas mucho tiempo corremos el riesgo que las cosas de ambos lugares comiencen a mezclarse y ya nada se vea tan claro.  En algún momento no sabemos en cuál de los dos lugares estamos. Por eso es necesario cerrarlas al cruzar. No es tarea fácil. Hay algunos requisitos a cumplir y ciertos rituales a llevar a cabo, que si bien podemos postergar, es inevitable no hacerlo.
Hace un tiempo cruce una puerta. Algunas personas no se dieron cuenta de ello. Hoy creo que si saben. Me llevo más tiempo del debido. Y también me llevo mucho, mucho tiempo cerrara. Porque si cruzarlas nos llena de miedo, cerrarlas nos trae inevitablemente mucho dolor. Porque gran parte de las cosas que tenemos debemos dejarlas en lugar de dónde venimos y nunca es fácil desprenderse de aquellas que en algún momento quisimos y fueron importantes de alguna manera.
En un momento pensé que cruzar las siguientes seria ahora más fácil. Y la verdad es que no necesariamente debe ser así. Cada una es diferente. Tiene su propio mecanismo. Y si bien podemos usar la experiencia de la anterior no es seguro que eso funcione.  Además no es fácil acomodarse en el nuevo espacio. Las fuerzas quedan debilitadas al cerrar y lleva un tiempo reponerse.
De todas formas, no me siento triste. Creo que más bien es el vacío de las cosas dejadas atrás lo que me hace ruido en el alma. Lo único que puedo decir, es que ahora sé que se puede. Que yo puedo cruzar, cambiar de lugar y especialmente cerrar puertas. Por más difícil que resulte.

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