Y paso mi cumpleaños sin penas ni glorias. Al menos eso parece en una primera mirada.
Ya no me mueve ni un pelo tener un año más o menos, depende como tenga ganas de mirarlo cada uno, aunque confieso que nunca me movió mucho los pelos. Ni siquiera a los 15. Y si... una pena, ya que ni mi madre, que hizo mucho esfuerzo para que todo sea fantástico, se dio cuenta que como yo no veía dos en un burro no me enteré quienes vinieron.
Tenía pensado para esta oportunidad hacer algo distinto o especial, pero las circunstancias no lo permitieron. Ni las monetarias, ni ninguna otra. Pero ya sabrán que lo que la vida me quita por un lado me lo da por otro y su mejor regalo han sido y serán siempre mis amigas. Gracias a una de ellas tuve una noche diferente.
Solamente a R se le ocurre intentar salir a las 2 de la madrugada a bailar o tomar algo llevando a cuestas a mi hija de 8 años, al de 16 y a su novia. No logramos ingresar a ningún lugar con menores, por supuesto, y terminamos disfrutando unos ricos frapuccinos en un McD de 24hs hasta las 4 de la madrugada, previo paseo por toda la ciudad apelotonados en la parte trasera de la camioneta y riéndonos mucho cuando le decíamos a los de la entrada de cada local que mi niña tenia 18 pero era enana. Las diversas caras desencajadas al ver el grupo tan heterogéneo que conformábamos y semejantes comentarios, fueron motivos de carcajadas por varios días.
Así comencé mi día. Con cierta felicidad y en paz como solo los años y las circunstancia pueden enseñarnos.
Dormí lo que restaba de la madrugada entre sábanas nuevas y abrazos de mi dulce hija. En el momento mas placentero de mi sueño matinal el timbre de casa sonó. Bajé a los tumbos la escalera y abrí en pijama con los pelos revueltos y sin poder recordar ni mi nombre, para encontrarme con un señor parado frente a mi, esbozando una sonrisa por demás exagerada diciendo a los gritos: FELIZ CUMPLEAÑOS!!! ESTO SE LOS MANDA....
Acto seguido me entrega una bandeja con un desayuno lleno de corazones por donde se lo mirara. En ese instante mi cerebro empezó a ponerse monosilábico... NO... NO... NO... no puede ser. ¡¿Mi ex me había mandado un regalo?!
Miré la tarjeta para confirmar. Si, era de él y solo figuraba su nombre al pie. No estaban los de mis hijos. ¡Era un regalo personal.! Papi no los había incluido ni en la taza, ni en el muffin, ni en la mermelada. Fue demasiado para procesar en ese momento así que volví a la cama con la esperanza de que al despertar algo hubiera cambiado. Y no... Una hora después el desayuno seguía sobre la mesa, los corazones estaban ahí y la tarjeta decía lo mismo. Me dije a mi misma que no cuestionaría ni una sola miga y ni una sola gota de ese desayuno y lo sorprendente es que lo logré. ¡Tres urras para mi.! Al parecer estoy madurando.
El resto del día fue pachorra, visitas cada dos horas de alguien diferente para saludarme y finalmente cena a solas con mis hijos. Ellos no tuvieron un regalo para mi mas que su amor que, demás está decir, fue lo mejor del día.
24 horas después me permití preguntarme que lo había motivado a hacer semejante obsequio considerando que no podemos cruzar palabras sin sacar chispas y mucho menos estar mas de media hora cerca sin molernos los huesos verbalmente. Única respuesta disponible hasta el momento: Ablandarme para regresar. Regresar.... por amor?, cariño?, simpatía?....No señores. Ni siquiera porque extrañe. Este acto solo fue una inversión para él, tan solo porque lo van desalojar de la casa de mis ex-suegros con todo lo que eso implica. Inversión que ha perdido claramente porque yo, la mujer de hielo, la peor de todas, dí "tan pocas muestras de agradecimiento" Visto desde su óptica: ¿Como no me di cuenta de que un desayuno así bien vale una llave para volver a abrir la puerta de entrada? Simple... a mi solo me quedan llaves para cerrarla.



